Nuestros cerdos de raza ibérica se encuentran en el inmejorable entorno de la dehesa de la Sierra Norte de Sevilla donde crecen y engordan en plena libertad alimentándose de bellotas, condición indispensable para conseguir un producto capaz de competir con los de mayor calidad del mercado nacional.
Aunque nuestros orígenes están en la provincia de Salamanca, a escasos cuatro kilómetros de Guijuelo, Cuna del jamón ibérico, concretamente en Guijo de Ávila, nuestra actividad comercial se encuentra en Sevilla.
En 1964 nos trasladamos a Sevilla, guiados de la mano de nuestro padre Domingo Samaniego Rodríguez, eran años difíciles y había que buscar lejos del mundo rural un futuro más próspero.
El mundo de la alimentación fue nuestra primera dedicación y ya a primeros de los años 70 comenzó nuestra andadura en el ambito del cerdo ibérico.
Comenzamos comercializando jamones, paletas y lomos ibéricos de bellota de la Región extremeña y Huelva para posteriormente comenzar la difícil labor de compra y cría de cerdos para su sacrificio y elaboración, consiguiendo así realizar la cadena completa de: cría, crecimiento, sacrificio, elaboración y comercialización.
En la actualidad nuestra nueva empresa se encuentra regida por Domingo y Guillermo Samaniego Díaz y situada en Sevilla en la avenida de Hytasa, 49 en el popular barrio del Cerro del Águila.
Posteriormente son trasladados a Guijuelo, donde se lleva a cabo todo el proceso artesano de elaboración y salazón de nuestros jamones ibéricos de bellota aplicando el mayor de los rigores, experiencia y profesionalidad para su posterior comercialización en numerosos puntos de la geografía española.
Al realizar nuestra empresa el proceso completo de cría y elaboración, nos permitimos una selección muy exigente de la raza de nuestros cerdos, para conseguir posteriormente nuestros jamones altamente seleccionados en morfología, calidad y paladar exquisito.
En la elaboración de nuestros jamones ibéricos de bellota se unen tres factores fundamentales: la tradición artesana de nuestros fabricantes, la climatología proporcionada por el excelente microclima de Guijuelo (Salamanca) y las innovaciones técnicas para un perfecto control de calidad.
Se cubren todas las piezas de jamón con sal para favorecer la deshidratación y conservación. Este proceso se realiza en cámaras entre 0º y 5º C , el tiempo de salazón variará en función del peso de la pieza, aproximadamente un día por cada kilo.
Se lavan las piezas para eliminar la sal, se moldean y se perfilan los jamones para adquirir su forma estilizada. Finalmente se cuelgan en una cámara entre a 6º C para conseguir el equilibrado salino o asentamiento y eliminar la humedad lentamente, este proceso debe durar aproximadamente de 35 a 45 días dependiendo del tipo y tamaño del jamón.
Los jamones pasan a los secaderos donde se mantienen en penumbra y en condiciones optimas de humedad y temperatura. En este periodo de reposo la grasa alcanza una distribución uniforme por el tejido muscular. Su duración oscila entre 6 y 9 meses. Con la llegada del verano la exudación se agudiza e intensifica durante el día y se enfría durante la noche, este cambio de temperatura hace que afloren todos los aromas del jamón ibérico y comienza a adquirir su sabor característico y único en el mundo.
Los jamones son clasificados por su peso al pasar a la bodega y así llegan al último tramo de la curación , al proceso de maduración.
La temperatura oscila entre 10º y 20º C. y con humedades relativas en torno al 60-80%.
Durante la maduración, el jamón alcanza unas cualidades excelentes de aromas, sabor y textura.
Combina el sabor intenso y jugoso de la carne de cerdo ibérico con la delicadeza y el aroma de su curación artesanal
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Elaborado con mimo y que se presenta en una amplia variedad de sabores, texturas y aromas, siendo un deleite para los amantes de los lácteos
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Adobado y curado con una textura tierna, un sabor intenso y una delicada combinación de aromas
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